Pragmatismo Divergente

Revista Feminista con contenido Político y Cultural

Gran victoria de las mujeres en Uruguay

Posted by pragmatismodivergentecol en 30 enero, 2012

Escrito por Cecilia Toledo
Lunes 23 de Enero de 2012 23:14

La despenalización del aborto en Uruguay, que acaba de ser sancionada por el Senado de aquel país, representa una gran conquista para las mujeres uruguayas pero, también para todas las mujeres trabajadoras y pobres del conjunto de América Latina. Porque en nuestro continente el aborto es legal sólo en Cuba (desde 1965) y en Ciudad de México (desde el 2007), y la reciente despenalización en Uruguay puede servir de impulso para la campaña de legalización del aborto reivindicado y tan necesario en el conjunto de América Latina. Con certeza, esa conquista va a fortalecer la lucha en todo el continente, para que la legislación cambie y las mujeres no sean nunca más penalizadas judicialmente cuando desean interrumpir la gravidez. De esa forma, el procedimiento podrá ser efectuado en un hospital público, con atención médica adecuada, evitando que millones de mujeres mueran o queden con secuelas graves en todos nuestros países.

En el continente latinoamericano esto será una victoria muy grande porque, en general, las mujeres que más necesitan del aborto son las más pobres y las trabajadoras, que no pueden tener hijos porque no tienen condiciones materiales de vida suficientes para sustentarlos, y necesitan hacer un aborto con total garantía de que saldrán vivas de él. Lo que es raro en Brasil, por ejemplo, donde casi 200 mil mujeres, si no mueren, quedan con problemas de salud muy graves a consecuencia de abortos clandestinos.

Dilma Roussef, que es del PT, partido cuyo programa incluía la bandera de la legalización del aborto, necesita cambiar de actitud y, en vez de enterrar esa bandera como una promesa más para olvidar tiene que, como mínimo, acompañar lo que hicieron gobiernos como el de José Mujica en Uruguay y empeñar su fuerza política para que esa bandera tan importante para las mujeres hace tantos años, sea por fin aprobada aquí también, en Brasil. Va a acabar con una mortandad inmensa, que sólo ocurre en los países con legislación más retrógrada, porque en los países adelantados, como en Europa y los Estados Unidos, las leyes fueron modernizadas, fruto de mucha lucha de las mujeres y hombres, y eso ya no sucede hace tiempo. En la URSS, el primero acto de la revolución socialista de octubre de 1917 fue, justamente, acabar con esas leyes reaccionarias impuestas por la burguesía, y legalizar el aborto y el divorcio.

¿Cómo fue el caso uruguayo?

Ahora, en Uruguay, toda mujer mayor de edad tiene el derecho de interrumpir la gestación en las primeras doce semanas. Sólo no hay límite para el aborto en los casos de violencia sexual, riesgo de vida para la madre o malformación fetal grave.

El proyecto deberá ser discutido, en febrero, en la Cámara de Diputados, pero su aprobación ahí, también, se da como cierta, porque el Frente Amplio tiene la mayoría de votos. Y el presidente de la república, José Mujica, ya manifestó su apoyo al proyecto aprobado en el Senado y prometió promulgar la ley, en caso de ser aprobada por los diputados.

Según datos no oficiales, en Uruguay se realizan 44 abortos por cada grupo de mil mujeres. Sin embargo, ahí el aborto nunca llegó a ser un problema tan grave y dramático como en otros países latinoamericanos, porque siempre las mujeres lucharon mucho y lograron conquistas. Desde el 2004, por ejemplo, existe un programa de asistencia médica que proporciona orientaciones a las mujeres que planean abortar.

Aunque el aborto aún fuese, en esa época, considerado un crimen, y el ex presidente Tabaré Vásquez estuviese en contra, muchas mujeres pudieron hacer el aborto en condiciones seguras gracias a ese programa. A pesar de que ese programa, llamado “Normas y Guías Clínicas para la Atención Pre y Post Aborto”, sólo fue aplicado en un hospital, el Pereyra Rossell, el tuvo un resultado positivo, porque ese es el principal hospital público de Montevideo, la capital de Uruguay, y responsable por el 20% de los partos en el país. Así, cualquier mujer que quiera interrumpir a la gravidez, por el motivo que fuera, puede ver a un médico en ese hospital para obtener todo tipo de orientación sobre cuál es el método más seguro de realizar el aborto. La mayoría de las mujeres que recurre al programa (80%) opta por interrumpir la gestación, prefiriendo tomar el remedio Misoprostol, aconsejadas por los médicos. El programa también da atención a ellas en el período post-aborto, para no tener hemorragia u otro tipo de complicación.

Ese programa, a pesar de sus limitaciones, salvó muchas vidas, porque en la época en que fue creado, en el 2004, el aborto era responsable por el 48% de muertes ocurridas en el hospital. Desde entonces, no se ha registrado ninguna muerte por ese motivo. Ahora, con la despenalización del aborto, ese programa deberá ser extendido a toda la red hospitalaria y las mujeres, que así lo desearan, podrán hacer el aborto en el propio hospital y con el mismo médico que las atiende.

¿Por qué es importante legalizar el aborto?

La legalización del aborto, o despenalización (cuando la ley no prevé pena alguna para la mujer que se hiciera el aborto) es muy importante porque así muchas mujeres pasan a tener el derecho de escoger, o sea, querer o no proseguir con la gravidez hasta el nacimiento del bebé. Las que quisieran, pueden tener el hijo; las que no quisieran, pueden interrumpir la gravidez. En este mundo confuso en que vivimos, con tantos problemas sociales, muchas mujeres acaban cambiando de idea y resuelven no tener más hijos. Otras son violadas. La violación es una llaga nacional; no pasa un día sin que una mujer sea violada en Brasil. Muchos de esos estupros acaban en gravidez. Esa mujer que fue violada tiene que tener el derecho a no tener al bebé si así no quisiera o no tuviera condiciones materiales de vida para ello.

Tener un hijo es algo muy importante en la vida de una mujer, y es necesario que ella tenga condiciones de criarlo con todo el conforto, darle alimentación y salud, un hogar compatible y una educación de calidad. Si nada de eso existe, podemos calificar como una gran aventura el nacimiento de un crío. Lamentablemente, esa es la realidad de la gran mayoría de las mujeres en nuestro país.

Muchas mujeres son religiosas y por eso creen que la vida ya existe en el feto. Siendo así, están en contra del aborto y piensan que las mujeres jamás pueden interrumpir una gravidez porque estarán cometiendo un crimen. No compartimos esa opinión, pero si esas mujeres tienen el derecho de pensar así, otras, que no piensan de esa forma, también deben tener el derecho de pensar libremente y actuar conforme a sus convicciones. No todas las mujeres son religiosas, pero todas deben estar abiertas a aceptar la diversidad de opinión.

Como dice la uruguaya Mónica Xavier, una senadora socialista, integrante del Frente Amplio, partido gobiernista, “no podemos arrogarnos el derecho de decir que quien lleva el embarazo hasta el fin y tiene el hijo, está bien, mientras que quienes no lo hacen, por cualquier motivo que sea, está mal” (El Estado de São Paulo, 29/12/11).

Ella tiene razón. Porque el derecho de decidir sobre su propio cuerpo, sobre su propia vida, debe ser de todos y no sólo de aquellos que están contra el aborto. Incluso, cuando sabemos que quien más necesita de la garantía de ese derecho son las mujeres pobres, que están en un callejón sin salida: no tienen dinero para criar a los hijos, no tuvieron educación sexual para saber planificar mínimamente su vida afectiva, no tienen dinero para pagar un médico, un abogado, un hospital, nada. El Estado tiene que encargarse de resolver esos problemas sociales, ya que no garantiza pleno empleo para todas las mujeres y hombres, salarios dignos, viviendas y otras condiciones básicas que permitan a una mujer pobre el derecho a la maternidad y a una familia de trabajadores el derecho de criar a sus hijos dignamente.

Aquellos que condenan al aborto porque “va contra la maternidad” deben saber que la mejor forma de apoyar la maternidad es, justamente, apoyando el derecho al aborto, así como la mejor forma de apoyar a la familia es apoyar el derecho al divorcio y la libertad de los hombres y mujeres a la separación. La maternidad forzada es un problema que la mujer va a cargar para el resto de su vida como una presión contra la unión familiar, así como la unión forzada, el casamiento “para el resto de la vida”, cuando va contra el deseo de la pareja, es una unión frágil, permanentemente amenazada de desagregación.

Lo que “va contra la maternidad” es, justamente, la pobreza y la miseria, la falta de derechos de las mujeres y de condiciones materiales de vida para los trabajadores, cuyas familias hace mucho vienen sufriendo la desagregación y el abandono, sin que el Estado de alguna alternativa a esa situación cada vez más desesperante. En este país, los únicos que tienen derecho a una familia digna son los ricos. Eso tiene que cambiar, y la legalización del aborto es un paso importante para reparar esa injusticia y salvar a miles de vidas humanas, como ya viene ocurriendo en Uruguay desde el 2004.

Dilma tiene que hacer lo mismo en Brasil, de forma urgente. Es inadmisible que en un país gobernado por una mujer, millones de mujeres pobres aún sufran con una legislación retrógrada, que las condena como criminales por interrumpir la gravidez, un procedimiento simple que ya es practicado legalmente en varios hospitales del mundo, sin que las mujeres pongan su vida en riesgo.

Traducción Laura Sánchez
Fuente: Liga Internacional de los Trabajadores LIT-CI

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